El público del Centro y el centro de lo público
Benjamín González*
El espacio como un todo que nos ocupa y nos preocupa, el espacio como un recinto donde crecer, llorar, morir… el espacio como un intervalo de tiempo y como un instante en la vida cotidiana…el espacio por antonomasia…el espacio hasta sus últimas consecuencias. ¿Que es el espacio público?, ¿como nos relacionamos con el? , ¿Que tanto sabemos y en que medida tenemos noción de su existencia? ¿Es la ciudad habitable? ¿Las calles, parques plazas y jardines nos pertenecen a los ciudadanos o son parte de una batalla campal entre la especulación, el abandono y el clientelismo?
Este y otros temas son los que abordamos en esta entrevista con el recién nombrado Director General del fideicomiso del centro histórico de la ciudad de México, Inti Muñoz Santini. Esta es la conversación.
El poeta brasileño Floriano Martins, nos comentaba en el 2001 en el un encuentro que organizamos llamado Primavera Joven que en su ciudad Fortaleza, los habitantes no tenían “noción de lo que representaba el espacio público”, que “habían perdido su derecho a la calle” ¿crees que en México la gente tenga plena conciencia de lo que le representa para su vida cotidiana el concepto de espacio público?
Tal vez el problema sea que la vida cotidiana de los habitantes de esta ciudad se ha convertido en un torbellino. Hablo de la rutina de millones que tienen prisa por llegar a su trabajo, por librar la batalla diaria de la supervivencia en detrimento de su tiempo libre y de aquellos nexos comunitarios que no sean los del embotellamiento o las aglomeraciones del transporte público. Desde el inicio del sobrepoblamiento sin control ocurrido en la segunda mitad del siglo XX, la calle comenzó a suplir a las plazas o los paseos y los automóviles suplieron a los seres humanos como el principal protagonista del espacio abierto. Después, como alguna vez escribió Monsiváis, el metro suplió a la calle como el espacio publico por antonomasia, el lugar obligado de convivencia en la diversidad de los que no se conocen. Hay algunos problemas adicionales: la prolongada crisis económica, el hecho de que lo público haya sido sustituido por la televisión y el que una visión mercantil de la vida imponga el individualismo y la soledad frente a lo colectivo. Sí, hemos perdido cierta noción del espacio público y pareciera que incluso pudiéramos prescindir de él. Pero esa noción no ha muerto, simplemente se ha transformado. La raíz cultural de la plaza abierta es profunda en esta ciudad. El encuentro colectivo para la fiesta, para la protesta, para la solidaridad cotidiana, son elementos que nunca han dejado de estar vivos.
Los centros comerciales se han convertido en el espacio vital para miles de jóvenes, pasillos que simulan calles, aparadores de tiendas que simulan anaqueles callejeros y hasta el colmo de teñir el techo con colores azules para simular el cielo, dicen que la mayoría de los usuarios de estos centros no necesariamente compra, sino que lo usa para caminar o relacionarse con otros , ligar o hablar…’¿que tratamiento, desde lo público o desde la perspectiva del “espacio común” debemos tener con estos centros comerciales? ¿Debemos competir con estos espacios privados o convivir con ellos? ¿Se pueden establecer programas sociales o públicos en estos espacios?
Sería interesante pensar en una campaña de información sobre el uso del condón en un mall o en poner allí un libro-club. No recuerdo haberlo visto antes y habrá que ver como reaccionan los grandes comercios y los que visitan esas plazas. En efecto, el centro comercial ha terminado por convertirse en la única opción de encuentro y convivencia para una buena parte de las clases medias guiadas por una omnipotente cultura del consumo. Es una realidad que no podemos negar, sobre todo en una sociedad que en lo referente a las costumbres y la cultura interactúa intensamente y de manera desigual con Estados Unidos. Más que competir con eso, creo que lo importante sería construir alternativas. No es tan complicado imaginar lo que pasaría si promovemos (como ya está ocurriendo en la Ciudad de México) la rehabilitación de los miles de plazas y jardines que son de todos. A la ciudad le hacen falta cafés al aire libre y que la programación cultural de calidad en los espacios públicos sea más grande y sistemática. Los miles de estudiantes de artes de la ciudad deben tener en el espacio público un escenario digno y permanente.
En México mucho se ha hablado de “recuperar los espacios públicos”, después de una experiencia de muchos años de clientelismo sobre los espacios y del secuestro de grupos de espacios comunes con fines económicos o políticos, a tu juicio ¿en que momento estamos en esta batalla?, ¿hemos avanzado o siguen secuestrados? ¿Cual seria la estrategia, en su caso, de recuperación de estos espacios?
Ahí está el ejemplo de la reciente liberación de ambulantes de una parte muy importante del Centro Histórico del DF. Fue una negociación compleja. No olvidemos que los ambulantes son personas que recurren al comercio en la calle para sobrevivir. Esa fue una mediación exitosa que puso por delante el interés general de recuperar el espacio público. Fenómenos como ese no existirían si el modelo económico que impera en este país no excluyera a millones. En México, de cada 10 jóvenes, 2 van a la universidad (en eso somos casi el último lugar de Iberoamérica), 3 tienen algún empleo (generalmente mal pagado) y 5 no sabemos si estudian o trabajan. Los condenamos al “no-futuro”, a la migración, la delincuencia o al comercio informal. El problema es más grave cuando a ello se le saca provecho político. El clientelismo es cancerígeno para el espacio público. La solución es compleja pero creo que pensar en la posibilidad de una nueva cultura política, en más educación, más cultura y más oportunidades para todos, es el mejor principio.
El gobierno federal a través del programa Hábitat ha desarrollado un programa que se denomina “rescate de espacios públicos” en el cual invierte en obra pública en lugares de uso común en muchas partes de la republica, posteriormente, según este programa se busca una actividad especifica para el espacio, desde sala de baile, espacio de reunión o deportivo, estos planteamientos son de un programa federal, desde el gobierno de la ciudad y en especial desde el fideicomiso que encabezas, ¿cuál seria la metodología para reencontrar el espacio público y como seria su proceso de apoderamiento por parte de los ciudadanos?
El gobierno de la Ciudad de México ya ha iniciado la recuperación integral de cientos de parques, plazas y corredores que estaban muy deteriorados o en desuso. Entiendo que allí se agregará una programación cultural que ayude a que la gente regrese y haga suyos esos espacios. Promover la bicicleta o instalar playas públicas en la plancha de asfalto como en Europa, son otras apuestas en ese sentido y creo que cada vez queda más claro que es posible imaginar un espacio público recuperado plenamente por la gente. Como ha señalado el catalán Jordi Borja, la clave está en concebir que la ciudad y sus espacios deben servir a la gente, no a los intereses de los dueños del dinero. En el Centro Histórico tenemos un reto adicional: repoblar la zona. No hay salvaguarda posible del patrimonio histórico si la gente común y corriente no regresa a vivir ahí. Para ello hay que ver el problema desde la perspectiva del desarrollo económico, urbano y social.
Carlos Monsivais mencionó alguna vez que una ciudad dejaba de ser amigable cuando “perdíamos el control de la misma” cuando entrábamos en una estación del metro y salíamos en otro lugar distinto, sin ningún contexto y sin conocer el recorrido, es fácil sentir que la ciudad nos abarca y nos trasciende ¿ hemos perdido el control de la ciudad?
¿La amamos odiándola y la odiamos amándola?
Yo no nací aquí y esta ciudad me ha dado todo; en ella he conocido el caos y la desesperanza pero también las mejores cosas de la vida. La ciudad me ha formado y el grueso de las imágenes que conforman mi forma de entender el mundo son las del Distrito Federal. Me atrevo a afirmar que así la viven y la entienden la mayoría de los que la habitan. Es una ciudad inasible, trágica e individualista pero, a un tiempo, es entrañable, solidaria y festiva como ninguna otra. Una ciudad de ciudades superpuestas en el tiempo y el espacio, como da a entender Serge Gruzinski en su magnífica historia cultural de la Ciudad de México. De la ciudad de los palacios que al final persiste, a sus periferias miserables, de Tepito a la Condesa, del nuevo Houston en Santa Fe a la Merced o a Tláhuac, pocas ciudades del mundo pueden ofrecer la diversidad cultural que la nuestra entraña. Para quien se interesa, no hay un lugar mejor para comprender las realidades urbanas del siglo XXI. Sólo aquí se puede entender la impronta del ethos barroco, que desentrañan Tovar y de Teresa o Bolívar Echeverría, en el ethos kitsch que nos ha descubierto Monsiváis. No debemos aspirar a controlarla. Es mejor imaginarla con menos carros, menos violencia y menos pobreza, con más jardines, más derechos ciudadanos y mejor transporte público; haciendo un uso contemporáneo y armónico de su gigantesco patrimonio histórico y artístico. A pesar de sus contradicciones, lastres y hostilidades, esta es una ciudad que se piensa moderna, liberal y abierta a sí misma. Su historia, el 68, el 85, todas sus batallas democráticas y culturales, dan cuenta de ello.
Hablemos del centro histórico y de tu nueva responsabilidad. Durante los últimos años, los centros políticos de muchas ciudades han desarrollado enormes inversiones inmobiliarias y de servicios para hacerlas mucho más habitables , y aquellas que han logrado desarrollar sus espacios públicos y conectarlos con la vida cultural y social han explotado como ciudades desarrolladas, ¿la Ciudad de México y en especifico en centro histórico está en condiciones de dar un salto hacia una ciudad como Barcelona o Québec?
Sí, pero dentro de un buen tiempo. Tal vez diez años, al menos. Se requiere un amplio debate, un diagnóstico muy profundo, un gran acuerdo y una inversión sin precedentes. El GDF y la comunidad académica y cultural, ya han puesto su disposición a emprender el reto. Lo tienen que hacer también los federales y la iniciativa privada local y nacional, sin perder de vista el compromiso y la participación que debemos alentar en los ciudadanos que habitan y trabajan en el Centro. Ya hemos iniciado los acuerdos con la UNESCO para que todo ello tome forma en un gran “plan de manejo” -una carta común de navegación establecida en el derecho internacional para las zonas patrimonio de la humanidad- en el que concurran las legislaciones e instituciones federales y locales, la salvaguarda plena del patrimonio histórico, arqueológico y artístico, una visión moderna del desarrollo urbano, cultural y social, la reactivación económica y la responsabilidad fiscal. No es nada sencillo pero es completamente posible.
He escuchado muchas veces la frase “habitar de nuevo el centro histórico” se que parece algo lógico, el lugar que más infraestructura social y cultural es el centro histórico y esta prácticamente deshabitado pero ¿como lograrlo? A que nos referimos cuando hablamos de “poblar”? ¿Quienes lo harían y como?
Se trata de reinventar el Centro para que sea vivido intensamente de nuevo. Una buena parte de la vieja ciudad ha muerto de inanición. En los cincuenta se fueron la universidad y sus estudiantes. La estocada la puso el terremoto del 85 y el remate vino con la salvaje crisis económica de los tiempos neoliberales. El ambulantaje sintetizó la degradación. Se convirtió en un Centro inseguro e inhabitable. Cientos de edificios históricos dejaron de alojar viviendas, comercios, oficinas, teatros, cines y cafés para convertirse en bodegas, espacios vacíos o incluso ruinas. Hay que entender entonces que tenemos que ir más allá de una simple restauración de edificios viejos. No podemos ver al Centro como un museo. Debe ser un legar vivo y polifuncional. Para ello debemos lograr que convivan la historia y las necesidades modernas de la sociedad. Las oficinas, el viejo comercio, la nueva economía, la cultura y los jóvenes. En un edificio del siglo XIX o XVIII en el que hoy tienes bodegas, puedes pensar en que haya viviendas de interés social con pleno respeto a los elementos históricos. En otra construcción, podríamos encontrar que las columnas del barroco-estípite son el tendedero de una vecindad de rentas congeladas. Esos vecinos no tienen porque irse. Muchos llevan ahí décadas, toda su vida…
El centro histórico es por antonomasia un elemento patrimonial, y en los últimos años la inversión privada ha puesto los ojos en la reestructuración del centro histórico, incluso se dice de manera irónica que el centro es también el "Slim Center" ¿ es compatible la inversión privada con el rescate y fomento del patrimonio arquitectónico e histórico?
Por supuesto que sí. De hecho, lo ideal sería que el Centro recupere pronto el valor económico que puede tener. Las inversiones deben regresar al centro junto a todo lo que mencioné antes. Sólo así habrá el empleo y el desarrollo económico necesarios para que los ingresos fiscales aumenten y con ello la capacidad del gobierno para invertir en el centro. La misión del gobierno es contribuir en la recuperación del patrimonio, crear infraestructura, incorporar las nuevas tecnologías al desarrollo, velar por el espacio público, definir los parámetros del desarrollo urbano e, insisto, del uso contemporáneo de la ciudad histórica. Todo eso debe quedar definido en la nueva política pública para el Centro que pensamos diseñar. Si una inversión privada en un monumento histórico es respetuosa de la Ley y de los posibles usos que se definan esa política, adelante. Es algo que convendrá a todos.
Si me tuvieras que describir tu proyecto para el centro histórico ¿como lo harías en 5 puntos?
Así, de la siguiente manera:
1. Hacer del Centro Histórico un lugar habitable con un espacio público renovado, democrático y dinámico.
2. Que el Centro Histórico sea un lugar de encuentro privilegiado para el aliento de la economía y la sociedad del conocimiento, es decir, para el acceso a la educación, la cultura, la ciencia y la teconología. Que con ello construyamos una conciencia en la sociedad de lo importante que es cuidar el corazón de México.
3. Que el CH sea el espacio de construcción de una nueva economía y nuevas formas de convivencia y sociedad.
4. Que las nuevas tecnologías y el transporte público moderno y limpio sean un factor determinante.
5. Que todo lo anterior, sirva a la gente y a la salvaguarda y revitalización integral del patrimonio cultural más importante de los mexicanos: el Centro Histórico en si mismo.
Por último, tu eres un hombre de izquierda, consideras que la noción de lo público entendido esto como un espacio físico o simbólico que da vitalidad y encuentro a las y los ciudadanos, es una ideas de las izquierdas del mundo?
En un mundo injusto y desigual, la izquierda debe apostar por lo público, por la democracia, por la pluralidad de opciones, por el derecho de todos y todas al disfrute de la vida en libertad, por el medio ambiente y una nueva visión de lo urbano. Un espacio público renovado, recuperado para la gente, accesible para el disfrute y la convivencia de todos, lleno de ideas, tolerancia, diversidad, educación y cultura, es síntesis de todo eso. Es imaginar una modernidad diferente a la que el poder del dinero nos quiere imponer como única, es imaginar un mundo mejor, pues.
miércoles, 22 de octubre de 2008
La Biblioteca “Alejandro Aura” del FARO de Oriente. Por Benjamín González
La Biblioteca “Alejandro Aura” del FARO de Oriente. Por Benjamín González
En noviembre del 2006 la comunidad del Faro de Oriente nombró a su biblioteca con el nombre del poeta Alejandro Aura. La escultura de metal -que sirve de placa para identificar el nombre de la biblioteca en su puerta principal-, forjada en los talleres de la escuela de artes y oficios, fue diseñada y trabajada con ahínco por decenas de alumnos del taller de metales que se formaban, en aquella época, en nuestra escuela. Fue el propio Aura quien develo esta placa y realizó la lectura en voz alta de su último libro titulado “Se esta tan bien aquí”.
A principios de 1999 el poeta decidió apoyar la iniciativa de formar el Faro de Oriente, pero su participación en la fundación de la biblioteca del Faro fue aun más particular: hizo trasladar los 115 volúmenes de la Enciclopedia Universal Ilustrada Espasa –Calpe, que se encontraba en su oficina de Rivera de San Cosme, al edificio en Iztapalapa donde se fundaba el Faro ( en aquellos años Alejandro Aura era el director del Instituto de Cultura de la Ciudad de México), argumentando que en aquella oficina “solo servia de fondo para las fotos de los políticos” y consideró que el mejor destino para dichos libros era “estar al servicio de una naciente comunidad de creadores.”
Posteriormente, el 11 de noviembre de 1999, se celebró en el Zócalo capitalino el Segundo Encuentro de la Lectura y fue él quien alentó a los participantes a “donar un libro para la biblioteca del Faro”. Aquel día por la noche recibimos los primeros cientos de libros donados para nuestra biblioteca.
Pero quizás la acción de mayor envergadura que tomo Alejandro en aquellos años fue la de mandar a cientos de escritores y promotores de la lectura una hermosa carta solicitándoles apoyo para fundar “el libro club más grande de la Ciudad de México”.
Fue así como dichas cartas llegaron a manos de Jesusa Rodríguez, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska Carlos Fuentes, Paco Ignacio Taibo II y Carlos Montemayor, entre muchos otros. En aquella época el ánimo general del gobierno y de la sociedad civil era de refundación y cambio. Qué símbolo más poderoso de una nueva realidad en la ciudad que la fundación de la biblioteca en una de las zonas más violentas de la urbe.
Recuerdo que recibimos cientos de libros de los destinos más variados y disímbolos. Hay un caso especial que es digno de contar: con el paso del tiempo, las cajas de donación fueron disminuyendo pero de la casa del maestro Carlos Monsiváis, en el barrio de San Simón de la colonia Portales, siempre enviaban una caja de libros, por lo menos cada tres meses por los siguientes siete años.
Una manera de recordar al poeta y promotor cultural es difundiendo su obra pública, es así que contar la historia de la biblioteca Alejandro Aura del Faro de Oriente es una manera de homenaje, honor a quien honor merece dice el adagio popular.
He leído en estos días lo mucho que se ha hablado de las facetas de Alejandro Aura como poeta, promotor cultural, locutor, actor y empresario; creo que como servidor publico también tuvo una destacada actuación. Él formó a muchos promotores culturales en aquellos años y compartió con todos la idea de que nuestra ciudad debía repensarse a partir de su desarrollo cultural, también compartió el sueño colectivo al que fuimos convocados por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas de crear “Una Ciudad para Todos”; y como pocos colocó su talento y alegría al servicio de las comunidades culturales de esta gran urbe. ¡Salud maestro!
Pd. Actualmente la biblioteca Alejandro Aura del Faro de Oriente tiene más de 20 mil volúmenes.
Pd.2 Acá en Ecatepec recordaremos al maestro Alejandro Aura el próximo viernes 22 de agosto a las 5 p.m. en una tertulia literaria para conmemorar 11 meses de su visita a esta ciudad.
Benjamín González Pérez
Director de Cultura e Identidad Municipal
De Ecatepec de Morelos.
Exdirector Fundador del Faro de Oriente.
En noviembre del 2006 la comunidad del Faro de Oriente nombró a su biblioteca con el nombre del poeta Alejandro Aura. La escultura de metal -que sirve de placa para identificar el nombre de la biblioteca en su puerta principal-, forjada en los talleres de la escuela de artes y oficios, fue diseñada y trabajada con ahínco por decenas de alumnos del taller de metales que se formaban, en aquella época, en nuestra escuela. Fue el propio Aura quien develo esta placa y realizó la lectura en voz alta de su último libro titulado “Se esta tan bien aquí”.
A principios de 1999 el poeta decidió apoyar la iniciativa de formar el Faro de Oriente, pero su participación en la fundación de la biblioteca del Faro fue aun más particular: hizo trasladar los 115 volúmenes de la Enciclopedia Universal Ilustrada Espasa –Calpe, que se encontraba en su oficina de Rivera de San Cosme, al edificio en Iztapalapa donde se fundaba el Faro ( en aquellos años Alejandro Aura era el director del Instituto de Cultura de la Ciudad de México), argumentando que en aquella oficina “solo servia de fondo para las fotos de los políticos” y consideró que el mejor destino para dichos libros era “estar al servicio de una naciente comunidad de creadores.”
Posteriormente, el 11 de noviembre de 1999, se celebró en el Zócalo capitalino el Segundo Encuentro de la Lectura y fue él quien alentó a los participantes a “donar un libro para la biblioteca del Faro”. Aquel día por la noche recibimos los primeros cientos de libros donados para nuestra biblioteca.
Pero quizás la acción de mayor envergadura que tomo Alejandro en aquellos años fue la de mandar a cientos de escritores y promotores de la lectura una hermosa carta solicitándoles apoyo para fundar “el libro club más grande de la Ciudad de México”.
Fue así como dichas cartas llegaron a manos de Jesusa Rodríguez, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska Carlos Fuentes, Paco Ignacio Taibo II y Carlos Montemayor, entre muchos otros. En aquella época el ánimo general del gobierno y de la sociedad civil era de refundación y cambio. Qué símbolo más poderoso de una nueva realidad en la ciudad que la fundación de la biblioteca en una de las zonas más violentas de la urbe.
Recuerdo que recibimos cientos de libros de los destinos más variados y disímbolos. Hay un caso especial que es digno de contar: con el paso del tiempo, las cajas de donación fueron disminuyendo pero de la casa del maestro Carlos Monsiváis, en el barrio de San Simón de la colonia Portales, siempre enviaban una caja de libros, por lo menos cada tres meses por los siguientes siete años.
Una manera de recordar al poeta y promotor cultural es difundiendo su obra pública, es así que contar la historia de la biblioteca Alejandro Aura del Faro de Oriente es una manera de homenaje, honor a quien honor merece dice el adagio popular.
He leído en estos días lo mucho que se ha hablado de las facetas de Alejandro Aura como poeta, promotor cultural, locutor, actor y empresario; creo que como servidor publico también tuvo una destacada actuación. Él formó a muchos promotores culturales en aquellos años y compartió con todos la idea de que nuestra ciudad debía repensarse a partir de su desarrollo cultural, también compartió el sueño colectivo al que fuimos convocados por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas de crear “Una Ciudad para Todos”; y como pocos colocó su talento y alegría al servicio de las comunidades culturales de esta gran urbe. ¡Salud maestro!
Pd. Actualmente la biblioteca Alejandro Aura del Faro de Oriente tiene más de 20 mil volúmenes.
Pd.2 Acá en Ecatepec recordaremos al maestro Alejandro Aura el próximo viernes 22 de agosto a las 5 p.m. en una tertulia literaria para conmemorar 11 meses de su visita a esta ciudad.
Benjamín González Pérez
Director de Cultura e Identidad Municipal
De Ecatepec de Morelos.
Exdirector Fundador del Faro de Oriente.
lunes, 23 de junio de 2008
Este articulo lo escribi el año pasado sobre el aniversario del Faro de Oriente.
Faro de Oriente un balance necesario.
El próximo 24 de junio el Faro de Oriente cumple 7 años de vida. Considero que el tiempo que ha pasado es suficiente para realizar un balance de su labor y de su proyección en el futuro.
Las condiciones que dieron origen al Faro de Oriente fueron muy particulares; el primer gobierno electo en la ciudad de México en 1997 representaba una esperanza de cambio profundo en las relaciones entre el poder y los habitantes de la capital, el gobierno tenía poco tiempo y una enorme expectativa creada, era necesario realizar obras de largo alcance y siempre contra reloj.
El Faro contó con una legitimidad inicial que sobrevive a la fecha. Un gran proyecto cultural en la periferia de la ciudad, es siempre un proyecto necesario. El Faro nació en el lugar correcto y al servicio de una comunidad que poco a poco se apoderó de él y lo asumió como parte de su vida cotidiana, como parte de su presente y de su futuro.
Después de su fundación los años siguientes se caracterizaron por dos fenómenos. Por un lado la integración silenciosa de una comunidad artística y cultural con el proyecto del Faro de Oriente; y por el otro la incomprensión de las autoridades culturales de las características y alcances del proyecto. Fueron años en los que el Faro necesitaba, paradójicamente, consolidarse y a la vez sobrevivir.
Fue hasta finales de 2004 cuando la comisión de cultural de la Asamblea Legislativa del D.F. -encabezada por la entonces diputada local Maria Rojo-, después de una visita al Faro de Oriente, decidió promover un punto de acuerdo para dotar a la Secretaría de Cultura de la Ciudad de un pequeño presupuesto para iniciar la creación de dos Faros más; así es como surgen las iniciativas de desarrollo de los Faros de Tlahuac y Milpa alta.
Por primera vez las autoridades consideraron al Faro como un proyecto estratégico; por su función artística y cultural, por su contribución en la reconstrucción del tejido social en un entorno conflictivo, y por las grandes posibilidades (considerando siempre las particularidades de las distintas zonas) de construir centros culturales de naturaleza semejante. Sin embargo, estos dos nuevos faros contaron con menos presupuesto e infraestructura que el de Oriente.
Durante su campaña por la jefatura de Gobierno, Marcelo Ebrard prometió la creación de cinco fábricas de artes y oficios más. Este compromiso, del todo loable, implica un reto para la administración actual, que no ha dado señas de estar dispuesta a valorar la experiencia comunitaria, participativa y de apropiación ciudadana del Faro; resulta entonces que uno de los principales logros del proyecto, es visto ahora como una amenaza.
Un ejemplo ilustrativo es la negativa de la nueva administración de escuchar a la comunidad del Faro de Oriente en el nombramiento del nuevo director; se proponía realizar una transición participativa, democrática y transparente. Ante una petición respetuosa la respuesta fue una promesa de diálogo incumplida. Otro ejemplo es el reciente despido de la directora del Faro Milpa Alta, nuevamente sin considerar la opinión de una comunidad especialmente participativa y sin una evaluación seria del trabajo realizado.
La incorporación de una lógica política en el crecimiento de la red faros (en el sentido de ver al proyecto como un espacio para satisfacer las necesidades clientelares de algunos grupos o como un botín a ser repartido) y el alejamiento de la comunidad cultural para la creación de los nuevos, son riesgos latentes. Si la ubicación y organización de los nuevos faros responde a una lógica de intereses de grupos políticos y no a razones de distribución y acceso a los bienes culturales por parte de la población, estaremos sepultando esta iniciativa.
Sin demeritar nuevas experiencias, considero que el futuro de la red de faros esta relacionado con que las nuevas autoridades puedan rescatar la experiencia de la comunidad del Faro de Oriente: talleristas, alumnos y autoridades tienen un camino andado. Hablar con ellos, aunque sean críticos, es un camino que hay que recorrer para dar la oportunidad de no volver a caer en los errores cometidos en el pasado y potenciar los aciertos para el futuro.
No puedo más que desearle éxito a la comunidad del Faro de Oriente. El trabajo de todos estos años los ha colocado en el debate sobre la ciudad que queremos, y los ha hecho protagonistas y partícipes de la vida cultural de la ciudad; esta comunidad ha puesto de manifiesto, como lo dijo alguna vez un artista formado en el Faro, que “la cultura no sólo es un derecho, es una necesidad”.
Benjamín González Pérez
Director fundador del Faro de Oriente
El próximo 24 de junio el Faro de Oriente cumple 7 años de vida. Considero que el tiempo que ha pasado es suficiente para realizar un balance de su labor y de su proyección en el futuro.
Las condiciones que dieron origen al Faro de Oriente fueron muy particulares; el primer gobierno electo en la ciudad de México en 1997 representaba una esperanza de cambio profundo en las relaciones entre el poder y los habitantes de la capital, el gobierno tenía poco tiempo y una enorme expectativa creada, era necesario realizar obras de largo alcance y siempre contra reloj.
El Faro contó con una legitimidad inicial que sobrevive a la fecha. Un gran proyecto cultural en la periferia de la ciudad, es siempre un proyecto necesario. El Faro nació en el lugar correcto y al servicio de una comunidad que poco a poco se apoderó de él y lo asumió como parte de su vida cotidiana, como parte de su presente y de su futuro.
Después de su fundación los años siguientes se caracterizaron por dos fenómenos. Por un lado la integración silenciosa de una comunidad artística y cultural con el proyecto del Faro de Oriente; y por el otro la incomprensión de las autoridades culturales de las características y alcances del proyecto. Fueron años en los que el Faro necesitaba, paradójicamente, consolidarse y a la vez sobrevivir.
Fue hasta finales de 2004 cuando la comisión de cultural de la Asamblea Legislativa del D.F. -encabezada por la entonces diputada local Maria Rojo-, después de una visita al Faro de Oriente, decidió promover un punto de acuerdo para dotar a la Secretaría de Cultura de la Ciudad de un pequeño presupuesto para iniciar la creación de dos Faros más; así es como surgen las iniciativas de desarrollo de los Faros de Tlahuac y Milpa alta.
Por primera vez las autoridades consideraron al Faro como un proyecto estratégico; por su función artística y cultural, por su contribución en la reconstrucción del tejido social en un entorno conflictivo, y por las grandes posibilidades (considerando siempre las particularidades de las distintas zonas) de construir centros culturales de naturaleza semejante. Sin embargo, estos dos nuevos faros contaron con menos presupuesto e infraestructura que el de Oriente.
Durante su campaña por la jefatura de Gobierno, Marcelo Ebrard prometió la creación de cinco fábricas de artes y oficios más. Este compromiso, del todo loable, implica un reto para la administración actual, que no ha dado señas de estar dispuesta a valorar la experiencia comunitaria, participativa y de apropiación ciudadana del Faro; resulta entonces que uno de los principales logros del proyecto, es visto ahora como una amenaza.
Un ejemplo ilustrativo es la negativa de la nueva administración de escuchar a la comunidad del Faro de Oriente en el nombramiento del nuevo director; se proponía realizar una transición participativa, democrática y transparente. Ante una petición respetuosa la respuesta fue una promesa de diálogo incumplida. Otro ejemplo es el reciente despido de la directora del Faro Milpa Alta, nuevamente sin considerar la opinión de una comunidad especialmente participativa y sin una evaluación seria del trabajo realizado.
La incorporación de una lógica política en el crecimiento de la red faros (en el sentido de ver al proyecto como un espacio para satisfacer las necesidades clientelares de algunos grupos o como un botín a ser repartido) y el alejamiento de la comunidad cultural para la creación de los nuevos, son riesgos latentes. Si la ubicación y organización de los nuevos faros responde a una lógica de intereses de grupos políticos y no a razones de distribución y acceso a los bienes culturales por parte de la población, estaremos sepultando esta iniciativa.
Sin demeritar nuevas experiencias, considero que el futuro de la red de faros esta relacionado con que las nuevas autoridades puedan rescatar la experiencia de la comunidad del Faro de Oriente: talleristas, alumnos y autoridades tienen un camino andado. Hablar con ellos, aunque sean críticos, es un camino que hay que recorrer para dar la oportunidad de no volver a caer en los errores cometidos en el pasado y potenciar los aciertos para el futuro.
No puedo más que desearle éxito a la comunidad del Faro de Oriente. El trabajo de todos estos años los ha colocado en el debate sobre la ciudad que queremos, y los ha hecho protagonistas y partícipes de la vida cultural de la ciudad; esta comunidad ha puesto de manifiesto, como lo dijo alguna vez un artista formado en el Faro, que “la cultura no sólo es un derecho, es una necesidad”.
Benjamín González Pérez
Director fundador del Faro de Oriente
La primera recomendacion
Saulo me dijo ayer " solo dedica le una media hora diaria, porque esa cosa es adictiva, después no vas a poder parar y le vas a quitar tiempo a cosas que si son importantes"
Seguiré tu consejo, le comente con un poco de desden...
y aqui me tienes....
Seguiré tu consejo, le comente con un poco de desden...
y aqui me tienes....
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